Ausencia de imaginación.
Carencia de delirio.
Así la vida pasa: lúcida e irreal entre las diez de la mañana y las seis de la tarde de todos los días hábiles del año.
Pero habitar la propia oscuridad puede ser una virtud.
Querida yo:
Me niego rotundamente a ser una hormiga más en la cadena de mando de cualquier cosa. Caminar, una tras otra, todas ordenadas en esas alineaciones ondulantes.Todas organizadas en estructura militar.
No, me niego a ser hormiga. Pero mucho más me niego a ser mosquito o cucaracha -¡bichitos odiados por toda la clase humana!-
¡Y ni hablar de las moscas! hurgar en la basura para sobrevivir ¡puaj, puaj, mil veces puaj!¡Ojo! ¡Atención! Que, aunque aborrezca pensar en ser mosquito, mosca o cucaracha, no quiere decir que me conformaría con ser hormiga!
¡Claro! Es casi evidente.
Para dibujar en el aire, tejer tramas con líneas y moverme por el camino que construyo he elegir una araña.
Iría de un lado a otro de la tela sin más obligaciones que continuar dibujando formas en el espacio.
¿A quién le hacen falta alas cuando se pueden tejer caminos?
Y ya que estoy soñando, sueño más (porque sino sería casi tan triste como ser hormiga).Quiero cinco dedos en cada una de las ocho patas para poder dibujar y tejer patrones diferentes con cada una. ¡Cuarenta posibilidades por vez!
¿Cómo es eso que cada tipo de araña tiene su patrón de tejido característico?
Ah, no. ¡Eso si que no!
Tengo una condición innegociable: Yo, araña mediana (para que no me derriben con un soplo), clarita (porque dan menos miedo) y con cuarenta extensiones con las que dibujar hago cuanta rayita cuando y como me plazca cada vez.
Si no, nada. Quemen esta carta y olvídense que alguna vez pensé en ser un bicho


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