lunes

Palabras inaugurales (o lo que debieran haber sido las...)

Estoy enojada un poco. 



¿Y mi gracia? 
¿sólo aparece cuando interactúo con otros? 
¿Seré tan limitada que ni siquiera puedo inventarme un interlocutor aunque sea para que me salga un poco de humor? 
Sería muy ridículo porque, aunque suene de loca internable, todo el tiempo estoy conversando con alguien (mentalmente, claro). 


¡Aceptaré el desafío! Voy a inventarme historias sobre mi, conmigo de protagonista, imaginando que yo no soy yo, o sólo seré una parte de mi (porque por supuesto en todo lo que hago soy yo). 


Pero me la voy a jugar de una vez por todas y no avisar cuando soy yo, yo; y cuando soy una parte de mi pero en realidad la historia no es fiel reflejo de la realidad, o a mi visión de ella (digo, parafraseando quién sabe cuántos sociólogos, que la realidad que uno conoce es tan amplia sólo como el que la mira... en este caso yo y/o alguna parte de mi).



Claro... en este blog que estoy escribiendo, del que muy muy pocas personas conocen existencia al día de hoy, parecería ser fácil. 

Aún así no lo es. 
Se ve que mi parte más privada es muy privada... o ¿me sigue dando cierto escozor abrazar mi imaginación y, al enfrentar los delirios que pueda conllevar, temer la locura?  Es muy probable que sea más bien la segunda opción y, además, el temor tremendo de todo miedo que me causa la probabilidad de que lo que imagine y consecuentemente escriba sea una reverendísima porquería (dicho en términos científicos, claro). 
Quizás piense que alguien en algún momento lo va a leer, ergo me muero de miedo por adelantado... pero estaría siendo muy estúpida. 
¿Será que mi formación tan ortodoxa en algunas cuestiones me levantan una barrera que, no inquebrantable, me cuesta un perú enfrentar para derribar? (y eso que en los fundamentos de mi pensamiento racional cotidiano esa ortodoxia me la paso por los lugar más oscuros del cuerpo!)


Y, claro!!! 

Yo sigo reflexionando sobre las causas, los motivos, las consecuencias, etc, etc, etc... y finalmente no me rindo a la imaginación. 


¡O quizás todo esto es una reflexión imaginada!



La verdad es que no. Es sólo un primer exceso de vino blanco. 



¡Hasta yo... (o bien, primero yo) tengo curiosidad de como yo sigo con esto de aceptar todas las yo que me pueda imaginar! 



En pleno entusiasmo enuncio firmemente: "ceno y me pongo a imaginar con delirio lo que aparezca". Ja, no me lo creo ni yo... es que no soy una persona de mucha conducta. 



Por ahora, y viendo que todo esto escrito debieran haber sido las palabras inaugurales del blog, veré qué tengo ganas de hacer después de cenar (que muy probablemente no sea escribir... o no... me divierte la intriga de sobre mi misma) 




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