Menos la voluntad de hacerlo.
Recién dije "listo. Ya está". Tengo el texto. Dos, a falta de uno!
Ayer entré en pánico cuando me sentí incapaz de elaborar una fantasía al proponérmelo y me pasaron dos cosas hermosas:
A saber:
1,- cuando volví a mi casa sin electricidad me senté en el patio inmediatamente y, con la última luz del atardecer, de pronto salieron de mi mano varias hojas de texto fantástico que ni siquiera había pensado.
¿De dónde vino todo eso?
Puedo especular una interpretación psicológica barata, pero no creo que acá valga la pena.
Feliz!
Entonces empecé a pensar en que iba a hacer fotos de dibujo sobre otras fotos y el proyecto iba tomando forma.
2,- En mi estado de pánico anterior, opté por pedir ayuda a una persona que ya, en otra oportunidad, me había estimulado con palabras y conceptos y gracias al cual pude llegar a la conclusión que buscaba.
Le pedí que juegue conmigo ¡con palabras! Con la idea que quizás eso ayude a mi debilitada imaginación.
En lugar de eso escribió para mi un párrafo hermoso... describió una imagen puramente bella y melancólica, con esa parte de tristeza que parece necesaria en cada una de mis obras.
¡Esas sí que son imágenes claras! Propias de un escritor. No se si con cuidado o con esa facilidad que dan ciertos dones.
Y ahora, en conclusión, tengo doble tarea.
Lo que escribí yo, con todas las limitaciones del caso, es puramente mío (de alguna de mis yo a la que le cuesta un poco mas manifestarse!) y para esta tarea específica no debería dejarlo de lado y lo que me regalaron, que es tan hermoso en su simpleza que no quiero dejarlo de lado.
Ya tengo en mi cabeza hasta las imágenes y las formas de representación.
Entonces, ¿Qué motiva todo esto?
¡mi fiaca total, completa y absoluta para llevarlo efectivamente a cabo! Sí, para sentarme a hacerlo; para ponerme a laburar (Nótese que la tela que mencioné en el post anterior sigue tan en blanco como la dejé esa noche).
Estoy en lucha intestina con la yo que sólo quiere descansar, la yo que disfruta la creación plástica y la yo que aprieta por cumplir con las responsabilidades asumidas. Claro, en la locura de toda esta gente, la yo que disfruta ese trabajo se rebela contra la que aprieta la obligación.
Igual, a pesar de sonar pesimista, le tengo confianza a la yo que se enbandera con el placer, porque estoy casi segura que se va a alinear con la yo a la que no le gusta decepcionar las expectativas del otro.
Pequeñas batallas de una guerra cotidiana.
No hay comentarios:
Publicar un comentario